lunes, 13 de junio de 2016

LA CUSTODIA DE SAHAGÚN EN LA PROCESION DEL CORPUS CHICO DE LA CIUDAD DE LEÓN. (20 años de la publicación de este artículo)



En la hemeroteca de este blog, El Seise, no podría olvidarme de mi primer artículo publicado en prensa. No quiero dejar de reconocer la ayuda del profesor Fernando Llamazares, la ilusión de Elias Alvarez, la seriedad y ganas de Angel Díez Pertejo, y mi torpeza y miedos al redactar un texto para publicar en la revista Filandón del Diario de León en su edición dominical, el primero. Hoy, 16 de junio de 2016, ya hace de aquello 20 años. Mucho hemos conocido después. Se han corregido y documentado fechas distintas a aquellas. Pero echar la vista atrás y llevar dos décadas llenando de palabras fondos blancos de papel y de pantalla de ordenador, bien merece recordarme a mi mismo y compartir con vosotros, aquellos miedos, emociones y sueños que se ocultaban tras las siguientes palabras.

LA CUSTODIA DE SAHAGÚN EN LA  PROCESION  DEL CORPUS CHICO DE LA CIUDAD DE LEÓN.

El día 16 de junio del presente, las calles del barrio de San Martín de León se engalanarán para asistir al desfile de la custodia procesional de Sahagún, obra del artista Enrique de Arfe, que acoge en su seno el Santísimo Cuerpo de Cristo. Este solemne cortejo, es organizado por la actual cofradía de Minerva y Vera Cruz, fruto de la fusión que, en 1876, realizaron las compañías de la Santa Vera Cruz, de carácter penitencial y fundada en el convento de San Francisco de León, siendo la referencia de origen más antigua conocida en 1586,con la del Santísimo Sacramento de la Minerva, erigida en el monasterio de San Claudio de nuestra ciudad, en 1612, con un fin Eucarístico, rindiendo culto al Santísimo, siendo éste el aspecto que nos interesa hoy.

La institución de la Eucaristía tuvo lugar durante la última cena en que Jesús comió con sus discípulos, en la noche del Jueves Santo. El pueblo, ya desde mediados del siglo XII, busca en la elevación de la Sagrada Forma, que surge en aquel momento, poder contemplar a Dios, haciendo coincidir este instante con el sonido de una campanilla.

Pero el origen de la celebración de una fiesta, específica, del Santísimo Sacramento, Corpus Cristi, arranca de la visión que, en la ciudad de Lieja, tuvo la religiosa Juliana de Cornillón, a la que el Señor reveló su voluntad de observar una fiesta del Sacramento de la Eucaristía, que ya se celebraría en Lieja desde 1246, el jueves siguiente a la Santísima Trinidad. En 1264, el papa Urbano IV declaró universal, dicho festejo, el mismo día en que la había fijado el obispo de Lieja, mediante la publicación de la bula "Transiturus”, hecho que se produjo a raíz que, un párroco escéptico no creyera en el misterio de la transubstanciación, convenciéndose cuando celebrando la liturgia, se fijó que la Hostia había impregnado de sangre los manteles del altar. En 1312, Clemente V ratificó la bula en el Concilio de Viena y exigió, a todos los católicos, la celebración de la fiesta; confirmando su sucesor, Juan XXII, los decretos papales anteriores, publicándolos y disponiendo que la Sagrada Forma fuese expuesta y llevada procesionalmente, para recibir la adoración de los fieles, algo que aparece por primera vez el año 1279 en la ciudad de Colonia, y desde 1322 en Barcelona y tierras del reino de Aragón.

El Sínodo de León, en 1318, recoge la orden del papa Clemente V, para la celebración de la fiesta del Corpus, y la primera noticia de la realización de la procesión en nuestra ciudad que data de 1378, hallada en las actas capitulares, dice: "Que tomen dende el Roby con su caxeto de plata e la copa con su sobrecopa del Corpus Cristi para poner en prendas”, continuándose los datos en años sucesivos.

La cita anterior nos sirve para definir un primer tipo de custodia, a modo de copón, al que se le sustituiría la cruz, que la rematara, por un viril para la pública exposición de la Sagrada Forma, y un píxide inferior que por su forma, cuadrada, rectangular o hexagonal, simbolizaría el Santo Sepulcro, siendo éste un modelo de custodia de mano. Pronto surgirá la custodia portátil u ostensorio, en el que sobre el pie y el astil se dispone un templete, de características arquitectónicas, que cobija el viril, bien sea tubular o en forma de sol. Estas últimas se irán complicando hasta convertirse en puras arquitecturas turriformes que en el caso de contar con basamento, reciben el nombre de custodias de asiento, y se utilizan portándolas en andas, mediante la sujeción a ésta con uno o más tornillos.

Custodia del maestro orfebre Enrique de Arfe en la procesión Sacramental de la Vera Cruz de León en 2012. (Corpus Chico) Foto G. Márquez.
Este es el tipo de custodia que Enrique de Arfe realizó para el monasterio de San Benito de Sahagún. Dicho artista-platero que se instalaría en León en 1500 y que al año siguiente firmaría el contrato, con el cabildo leonés, para la factura de la gran custodia, que según algunas noticias pudo medir algo más de dos metros de altura, fue el artífice de otras grandes custodias para las ciudades de Toledo y Córdoba, así como el patriarca de tres generaciones de maestros plateros.

La custodia de Sahagún, que debió ser realizada entre 1510 y 1515, presenta una base moderna de madera policromada sobre la que se asienta la planta hexagonal, de plata calada, repujada y con algunos dorados, de motivos con influencia italiana: Jarros, vides, sátiros, ninfas, etc.; de éste surgen tres pilares que forman otros tantos arcos conopiales que cobijan el ostensorio, con un viril flanqueado por tres ángeles orantes y tres puti con los escudos de los Atributos de la Pasión. Bajo los arbotantes, de los pilares, se colocan las imágenes de San Pedro, San Andrés y Santiago; hallándose en este primer cuerpo otras figurillas postizas. En las oquedades de los arcos conopiales, decorados con cardina, se sitúan las efigies de San Benito, San Roque, San Miguel, Santa Catalina, Santa Marta y la Magdalena. Este primer cuerpo da paso a un segundo formado con la prolongación de los tres primeros pilares, unidos a los que surgen de los vértices de los arcos inferiores, albergando el espacio interior la magnifica imagen de la Virgen con el Niño. El conjunto lo corona una cúpula bulbosa, de la que pende una campanilla con la inscripción: “María Mater Dei”, rematando, el grupo, la efigie de Cristo Resucitado.

Esta custodia fue comprada por el Ayuntamiento de Sahagún durante la desamortización, cuando estuvo a punto de ser adquirida por la catedral en 1821.Puede ser admirada en el museo de las MM. Benedictinas de la localidad, procesionandose en andas en el Corpus, siendo una pieza que solo ha salido de Sahagún en cuatro ocasiones: a Sevilla, a la exposición "Reyes y Mecenas” de Toledo, la itinerante con motivo del "Tratado de Tordesillas”, y a la procesión del Corpus Chico en León, hace siete años, repitiendo en el presente.

Celebración, la del Corpus Chico, cuyo origen hay que buscarlo en el culto, que algunas cofradías rendían, a la Eucaristía; así en 1270 documentamos en León la cofradía de Dios, anterior al desarrollo del Corpus Cristi, desde cuando surgen, en todas las parroquias, cofradías con advocación al Santísimo Sacramento, en el siglo XV, y en 1530 la que, con la misma, se erige en la iglesia romana de Santa María, edificada sobre las ruinas del templo dedicado a la diosa Minerva. Esta cofradía recibirá, del papa Paulo III, la bula "Dominus Noster Iesus Christus” promulgada el 30 de noviembre de 1539, por laque se instituyen las obligaciones, privilegios, indultos, exoneraciones, libertades, inmunidades e indulgencias que son otorgadas a los hermanos de la congregación, así como la fijación de su fiesta, con solemne procesión, el Viernes que sigue inmediatamente a la celebración del Corpus Cristi, actualmente en la dominica posterior a esta.

Una copia de esta bula es solicitada, en 1612, por el P. Fray Vicente de Arce, abad que fue del monasterio de San Claudio de León, al episcopado de Astorga, para instituir la cofradía del Santísimo Sacramento de la Minerva, con el permiso de las autoridades pertinentes, en el citado convento. Origen, éste, de la actual procesión del Corpus Chico, como se denomina popularmente, en nuestra ciudad de León.

Fdo : Gonzalo Márquez García. 
Junio de 1996

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA: 

- Herraez Ortega, M. V.: Enrique de Arfe y la orfebrería gótica en León. León, 1988 

- Llamazares Rodríguez, F.: Museos de León y provincia. León, 1985. 

- Sánchez Herrero, J.: Las diócesis del reino de León. León, 1977.


domingo, 1 de mayo de 2016

FERNANDO LLAMAZARES RODRIGUEZ


Artículo publicado en la revista oficial de la Semana Santa de León, PREGÓN, bajo la dirección de Carlos García Rioja, año 2, MMXVI. Págs. 100-103.


El amor por el Arte, por su ciudad de León y por nuestra Semana Santa, llevó al profesor Fernando Llamazares a enriquecer el conocimiento de las cofradías, a través de sus pasos, con la publicación de estudios e investigaciones, participando en charlas y debates sobre temas artísticos y teológicos, incluso a implicarse en impulsar cofradías, su patrimonio y procesiones. 

Fernando Llamazares Rodriguez. Foto  Javier Quintana. Diario de León.
http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/la-roldana-fue-escultoras-mas-grandes-espana_644584.html
"Fernando Llamazares Rodríguez nació en León el 31-12-1946. Cursó sus estudios universitarios en las Universidades de Oviedo, Valencia y Angelicum de Roma, estando licenciado en Filosofía y Letras por las dos últimas en la Sección de Filosofía. Posteriormente, obtuvo la Licenciatura con Grado y el Doctorado en Filosofía y Letras, Sección Historia del Arte, por la Universidad de León con las máximas calificaciones por unanimidad de los tribunales. Desde 1990 es Profesor Titular de Historia del Arte en la Universidad de Castilla-La Mancha, en la Facultad de Humanidades de Toledo y desde 2008 Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid". (Guía Artística de León. Ed. Lancia, 2015, pág. 4)

Y el Profesor Llamazares Rodríguez, falleció en León el 20 de mayo del año 2015, terminada su revisión de la Guía Artística de León, la póstuma décima edición de un libro que había publicado editorial Nebrija y en la que Fernando había utilizado, primeramente, el pseudónimo de Antonio Rodríguez Belzuz. 

Fernando fue, cuesta escribir en pasado, un amante de su tierra y del arte por igual. Sus dos pasiones entrelazadas con las que, no contento con empaparse de su significado más profundo, quiso compartir con erudición con sus paisanos, o mejor aún, entre paisanos. Porque Fernando siempre fue un "paisano". Conversador afable, era incansable en su participación en una tertulia donde el tiempo no fuese un limite establecido, en los lugares donde las calles han echado las raíces de los siglos, donde la Historia que la mayoría no percibimos se hacía palabra en su presencia. 

Quiso el director de esta edición de la revista PREGÓN del 2016, que Fernando Llamazares tuviese su semblanza en estas páginas cofrades de León. Me propuso escribir sobre Fernando y no lo dudé. Porque quien le evoca aquí, desgranando palabras y recuerdos, le debe a Fernando el impulso y ayuda para realizar su primer artículo el mes de mayo del año 1996, y le agradece que en 1999 le confiase, junto con el Cronista de León Luis Pastrana, la realización del capítulo sobre Historia de las Cofradías leonesas, en el libro de la Semana Santa de León, (Ed. Edilesa, 2000) que el ex Presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, le había encomendado de modo personal. Por tanto, vaya dicho que mis palabras son las de la amistad, el respeto y la admiración por la labor investigadora y divulgadora que en el campo de la Historia del Arte llevó a cabo Fernando Llamazares en sus más de 80 publicaciones, en sus artículos en muchas revistas de las cofradías leonesas, en sus ponencias en congresos y en su participación como Comisario en importantes exposiciones de Arte e Historia.  

¿Quien fue Llamazares Rodríguez en la Semana Santa de León? 

Fernando significó mucho en nuestra Semana Santa. Su amor por el arte barroco, (su tesis doctoral había versado sobre el retablo Barroco en la provincia de León) y sus investigaciones, le llevaron a publicar en la "Revista Tierras de León" de 1979 los documentos de contratación de los pasos de la Coronación de Espinas y del Expolio, entre la cofradía de Jesús Nazareno de León y el escultor Francisco Díez de Tudanca, cuya trascripción completa fue reproducida por el Cronista de León, y papón, Máximo Cayón Waldaliso en su libro sobre la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. (1982)

Fue el Arte lo que trajo a Fernando a las procesiones y cofradías de León, e inició una influencia y participación activa en nuestro mundo cofrade. Profundamente creyente, declarado leonés y enamorado del barroco, se convirtió en un "papón de acera", en un castizo "atajador" con quien encontrarse varias veces en Semana Santa en un día, incluso en el transcurso de la misma procesión, ocupando esos rincones donde la percepción de la mano del hombre toma tintes de divina en una ciudad tan bella como es León.

No fue papón, nunca vistió un hábito de penitencia. A lo más que quiso llegar Fernando fue a portar un varal de palio del Santísimo, en la procesión Sacramental de Minerva del año 1996, entonando el himno de Santo Tomas de Aquino "Tantum Ergo", (Tan Augusto Sacramento) durante la abadía de Elías Álvarez Frade, cuando, por segunda vez, intervino con arrojo, e ilusión, para que la custodia de Sahagún, del maestro Enrique de Arfe, volviera a ensalzar a Dios Sacramentado en el Corpus Chico de aquel año. Antes, había sido nombrado Seise Honorario Asesor de la cofradía de la Vera Cruz, en 1992, y se encargó de asesorar sobre la disposición del paso de la Virgen de la Amargura, tanto en la procesión homónima de la cofradía en el Miércoles Santo, como en la del Santo Entierro del Viernes Santo de los años impartes. Aquel año,1992, también fue coordinador del II Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa celebrado en León y Comisario de la exposición del mismo, así como autor del primer libro que recopilaba los pasos de la Semana Santa de la ciudad. Participó en las I Jornadas Culturales de la cofradía Santo Cristo del Perdón en 1998 y 1999. Fue asesor histórico y artístico de la cofradía del Santo Sepulcro-Esperanza de la Vida desde su gestación en 1990, durante tertulias en el bar Vergara. Cofradía con la que se sintió muy identificado, puesto que tuvo mucho que decir en la elección del emblema de esta hermandad originada en la parroquia de San Froilán, así como en la formación del patrimonio devocional de la cofradía, de hecho, fue Freire Asesor en el momento fundacional de la hermandad, y la cofradía le nombrará Freire Honorífico en los albores de esta Semana Santa del 2016. 

Fernando Llamazares nos dejó sus palabras de Pregonero de la Semana Santa de León en 1998, y en 1999 dio voz a la Ronda Lírico Pasional Luis Pastrana Giménez, organizada la madrugada del Jueves Santo por la cofradía Santo Cristo del Desenclavo y establecida en la Iglesia de Santa Marina. Esta iglesia, antigua de San Miguel del desaparecido colegio de los Jesuitas, fue para Fernando Llamazares (me atrevo a escribirlo) su primera casa, donde reside la que era su obra de arte preferida, Nuestra Señora del Rosario. La devoción de la extinguida cofradía fundada en el siglo XVI en el desaparecido convento de Santo Domingo. La maravilla que Juan de Juni dejó en León. Por otro lado, Fernando Llamazares con la ayuda de Julio Vergara, realizó un inventario completo del patrimonio artístico de esta iglesia barroca animados por su párroco, Félix Alvarado. 

Fernando Llamazares ha sido un grande de la cultura leonesa, (de quien cabe contar mucho más, pero es imposible en tan breve espacio), en realidad lo es aún hoy, y lo será porque sus palabras quedaron escritas para la investigación, para el conocimiento y para la crítica. Por ello, bien se merece el reconocimiento de sus paisanos de León, y también del León cofrade. Un León cofrade que le vió en la última Semana Santa, cuando desde su lugar de hospitalización se quejaba de no poder ir a ver las procesiones, los pasos que admiraba, y sobre todo, uno inédito. El de una imagen que le ilusionaba, una talla en cuyo asesoramiento para su realización se había implicado y que solo llegó a conocer por fotografías el día de su bendición en la Catedral, en su lugar de culto en la iglesia de la Concepción, y sobré todo el día de su primera salida en procesión, el Sábado de Pascua pasado del 2015: Nuestra Señora de la Luz. Una Luz que debió ser su Esperanza de la Vida, cuando sin saberlo se apagaba la suya terrenal, una Luz que con seguridad, inconscientemente y en su fe, le ha guiado al cielo. 

Querido Fernando, va por ti mi recuerdo, mi gratitud y satisfacción por haberme permitido, simplemente, disfrutar de tu consideración personal, de tu cariño demostrado por León, y de tu compromiso, no firmado, con su Semana Santa, que es la tuya.


Fdo. Gonzalo Márquez García.
León, 31 de enero de 2016.

sábado, 9 de abril de 2016

LOS PRIMEROS BRACEROS CONOCIDOS DE LA SEMANA SANTA DE LEON Y SU EXPULSIÓN. COFRADÍA DE JESÚS NAZARENO: 1652-1795.



Artículo publicado en la revista anual de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de la ciudad de León. 2016, págs. 39-41. 

Siempre que revisamos las páginas pasadas de la historia de las cofradías de la Semana Santa de León, nos encontramos con la certeza de afirmar que nuestras cofradías han dejado, por un lado, mucho en el camino, y por otro han evolucionado experimentando transformaciones en todo. De hecho, ninguna cofradía de la Semana Santa de León se parece mucho a lo que ésta fue en sus orígenes en la capital de León. Estos aspectos fueron parte de la personalidad de nuestra Semana Santa y de las hermandades que la componen, rasgos importantes. Muchos de ellos hemos de conocerlos para entender nuestro presente, y otros hemos de asumirlos para recuperarlos, porque aún habiendo desaparecido en la historia, dan sentido a nuestra existencia y razón de ser como cofrades.

Nuestro Padre Jesús Nazareno. Besapie en la Cuaresma del 2016. Foto. G. MárquezEn mis colaboraciones anteriores con esta publicación anual de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, di cuenta de algunas de ellas, desde la errónea denominación del primer abad conocido de la cofradía de Jesús Nazareno, Ventura de Valdés, pasando por algo tan destacado como el toque de atención en cuanto a la recuperación de la advocación al Nombre de Jesús, fiesta principal de la cofradía, y la devoción por el Niño Dios, porque hemos documentado al menos dos imágenes que representaron a Cristo de este modo en la historia originaria de la cofradía de nazarenos leonesa.

En esta ocasión pretendo abordar el tema de los primeros braceros  de los que tenemos conocimiento, y sus nombres, para percibir el distinto concepto que hoy tenemos a la hora de la puja de los pasos, que antiguamente fue trabajo pagado y desde 1795 voluntario.

Efectivamente, en el presente y a falta de otros documentos, sabemos que en 1752 hubo 13 braceros pujando un nuevo paso que la cofradía de Jesús Nazareno compró en Valladolid, estos son los primeros conocidos de nuestra Semana Santa.

Con el título "El documento más antiguo sobre el paso de Jesús Nazareno", Albano García Abad publicó en la revista El Filandón, (Diario de León, 9 de abril de 1995, págs. IV y V) un texto que arrojaba una teoría con una base de veracidad importante respecto a la realización del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la ciudad de Valladolid en 1652 para la cofradía de Nazarenos leonesa.

Sin embargo, no es este el aspecto que queremos destacar en esta ocasión, sino el hecho constatado del propio documento publicado por el Padre Albano, y que, en definitiva, supone el contrato de la cofradía de Jesús Nazareno con 13 individuos de León, para llevar aquel paso adquirido, justo antes de la Semana Santa de 1653, quienes ya lo habían llevado en 1652 en su estreno, y desde la firma del documento pasan a ser braceros titulares, pagados por el trabajo de la "puja", y hermanos de la cofradía.

Sabemos, por otro lado, que los braceros no solían ser hermanos “enteros” sino personas que cobraban por el trabajo de llevar los pasos, y en 1793 eran en la cofradía de Jesús Nazareno en número de 52 repartidos en sus cinco pasos.

En la regla de 1611 se estableció la norma para que los hermanos salieran en penitencia con cruces en procesión el Viernes Santo por la mañana, nazarenos con cruces, y donde no se alude a imagen alguna para sacar en la procesión, pero sí se señala que en el día del Triunfo de la Santa Cruz, 16 de julio, se debía hacer una procesión con una imagen de Jesús Nazareno. (Xuaxús González y Luis Pastrana. "La Regla de 1611." Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. 2003) No sabemos más, desconocemos como salió aquella imagen, como era, cuando se hizo, si aquel Nazareno es el que hoy tiene la cofradía como titular, cuando la hermandad comenzó a sacar una imagen el Viernes Santo, si había braceros y como era la condición de estos en la cofradía.

Por ello, el texto y documento publicado por el Padre Albano, hace ya 21 años, resulta el primero que hace referencia a quienes llevaban los pasos en la Semana Santa de León y quienes los llevan en la actualidad: Los braceros.

Reproduzco a continuación lo que el Padre Albano publicó en 1995. 

"EL DOCUMENTO ESCRITURA DEL AÑO 1653.

En la ciudad de León, a 11 días del mes de abril de 1653 años, parecieron ante mi el Escribano público, de una parte, José de Céspedes, mercader, vecino de la ciudad de León y Abad de Jesús Nazareno, que sirve en el convento de Santo Domingo, extramuros de la ciudad, en la capilla que allí tiene la Cofradía y el dicho Abad prestó caución por los cofrades presente y venideros.

Y de la otra, Juan Martínez, Diego Valdés, Andrés Gutiérrez, Vitorio Álvarez, Francisco Martínez, Domingo García y Tomás del Árbol, vecinos de esta ciudad, a la Puente del Castro; Juan González, Juan García, Fabián González y Gaspar Gutiérrez, vecinos de esta ciudad a la Corredera; Mateo Castrillo, vecino de Santa Ana; José García, vecino a San Salvador del Nido.

Y el dicho Abad, José de Céspedes, dijo que por cuanto la dicha Cofradía de Jesús tiene un paso grande nuevo que es el que compró en la ciudad de Valladolid en año pasado de cincuenta y dos y se ha sacado y ha de sacar en las procesiones que la dicha Cofradía hace todos los años, viernes de la Semana Santa para cumplir con su obligación.

Y que todos los susodichos el Viernes de la Semana Santa el año pasado, juntos y de su voluntad, sin interés alguno, llevaron el paso en la procesión que se hizo el dicho año. Y que ahora, por ser el peso del dicho paso mucho, y considerable el trabajo que tienen de llevarle, se han convenido con los susodichos que durante los días de sus vidas le han de llevar siempre en la procesión. etc.

Ya han aparecido los datos esenciales para el propósito que llevamos. Todavía hay otros datos interesantes en la Escritura: nombra a los braceros; se les ha de recibir como Cofrades, dándoles carta de pago; que cuando fallecieren, se abogue por ellos; que se les dé una colación, que ha de ser a cada uno un pan de a libra, un bizcocho y dos veces de vino; y se les dé las túnicas para llevar el paso.

Como buenos previsores acuerdan que si no de ellos estuviere enfermo y no pudiere llevar el paso, avisará a la Cofradía el Domingo de Ramos, que es cuando se celebra Cabildo. Si no avisare, la Cofradía buscará otro bracero por cuenta del ausente. Los que sabían firmar (y de los catorce, solo firmaron tres) lo ratificaron con su firma y otros lo hicieron por los que no sabían firmar." 

De este modo y gracias a este texto del Padre Albano, conocemos los nombres de los primeros 13 braceros de la historia de la Semana Santa leonesa: Juan Martínez, Diego Valdés, Andrés Gutiérrez, Vitorio Álvarez, Francisco Martínez, Domingo García, Tomás del Árbol, Juan González, Juan García, Fabián González, Gaspar Gutiérrez, Mateo Castrillo, y José García.

Y además, sabemos que la cofradía de Jesús Nazareno les dio carta de pago para su ingreso en la cofradía y túnicas para salir en la procesión y llevar el paso. Un paso que debía salir todos los años el Viernes Santo para cumplir la obligación de la cofradía, y estos braceros habían de comprometerse de por vida, recibiendo por su implicación y en pago de lo que se consideraba un trabajo, un pan de a libra, (casi medio kilo) un bizcocho y dos veces de vino. (alrededor de un litro)

Esta contribución a los braceros se debió mantener posteriormente, pero con pequeñas modificaciones hasta su expulsión a fines del siglo XVIII, puesto que los 52 braceros, con los que contaba la cofradía en 1787, recibían dos reales cada uno, media azumbre de vino, (alrededor de un litro) una libra de pan (cerca de medio kilo) y media de queso (unos 230 gramos)

Braceros cofradía Dulce Nombre de Jesús Nazareno. León. Foto. G. Márquez. 2015
Las dificultades económicas de la cofradía de Jesús Nazareno en los últimos años del siglo XVIII, llevaron a tomar a la hermandad varias decisiones, desde la suspensión de la colación y pago a los braceros, a su expulsión, a los que la cofradía denomina como "Judíos", (y es la primera vez, dicho sea de paso como algo importante, que en la historia de la Semana Santa de León aparece este término), hasta resolver la reforma de todos los pasos cuya definitiva resolución data del 11 de enero de 1795, cuando la junta de seises de Jesús Nazareno, resolvió “(…) las desavenencias que ha ocasionado la salida de los Judíos [braceros] en la Procesión que esta cofradía hace la mañana del Viernes Santo, en memoria de la Pasión de Cristo Señor Nuestro, que debiendo ver con la seriedad que exige un acto tan respetable, subcede por el contrario, marchando descompuestamente, sin el orden que corresponde por el mucho peso de los pasos, no queriendo gustosos tirar de ellos los hermanos braceros por el estipendio de los dos reales (…) y viendo también el gravamen que resulta a la cofradía en cuanto a la paga de los dichos Braceros, (…) Creía ser muy útil y ventajoso se quitase dicha salida de los Judíos y se hiciese reforma de la procesión. Y habiendo tratado dichos señores este asunto con la reflexión debida, Acordaron se quite la salida de los Judíos en la referida procesión y que respecto esta cofradía tiene cinco efigies que representan la Pasión del Salvador, se haga con ellas esta función, llevándolas con sus respectivos atributos los hermanos de la misma, graciosa y voluntariamente y que de este modo se ejecute en el presente año y en adelante por cuyo remedio ve libranza la cofradía de la pesada carga a pagar a los braceros.(…)” (Este aspecto de la expulsión de los braceros de Jesús Nazareno fue tratado en Gonzalo Márquez García. “La cofradía del Dulce Nombre de Jesús, un pozo de sorpresas” (III) (Un Libro de Ordenanzas y Cuentas de la cofradía de Jesús Nazareno en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, 1788-1847. Filandón, 2 de mayo de 2004.) 

Es así que entre 1652 y 1795, los braceros de la cofradía de Jesús Nazareno fueron pagados por el trabajo de tirar de los pasos, por el excesivo peso de los mismos, hasta que la hermandad no pudo soportar la carga económica que le suponía, y decide expulsarlos y desde entonces los hermanos de la cofradía son quienes sacan los pasos en la mañana del Viernes Santo leonés en su faceta como braceros, una tradición de la que, afortunadamente, a la luz de este breve repaso documental, podemos explicar y contar en el presente. 

Gonzalo Márquez García
León, 24 de enero de 2016.

martes, 1 de marzo de 2016

EL NIÑO PELAYO QUIERE SER ALABARDERO DE LEÓN (Presentación del concierto del XV aniversario de la Agrupación Santa Marta y Sagrada Cena de León. Segunda intervención. 28-02-2016)


Aquel lunes Santo, y ya hace 15 años, Pelayo sintió algo distinto. Su alma de trece años, no recordaba que la paz de su casa fuera alterada por redobles de tambores, ni sones armónicos de trompetas.

Apostado en su privilegiado balcón, observó el transcurso de una procesión desconocida para él, y escuchó una música que rejuveneció su fe inquebrantable.

El niño Pelayo le preguntó a su maestro: 

- Profesor, ¿que esto?

- Esto es música de Semana Santa. Ya tienes edad de saberlo, y, además, aunque más joven, aquí llegaste antes que yo.

- Ya, pero, tu que eres doctor en sabiduría, ¿no te parece distinto?

- Ahora que lo dices, un poco si. Me recuerda a aquella ciudad, su alegría y también su saber estar en los días de Semana Santa. Parece un compás distinto, y su melodía me trae olor de azahar. Si que es diferente y a enterarme voy a ir. 

Quedó Pelayo, pendiente de saber lo que el sabio había de averiguar.

No tardó, el doctor octogenario, en caminar tras aquel rosario de papones de hábito blanquecino y capillo granate, que le eran tan familiares pero no durante aquel día santo de Pasión.

Al regresar, casi en la madrugada del Martes Santo, le contó a Pelayo que los hermanos de la cofradía de Santa Marta, habían decidido hacer una nueva procesión, que por Rosario de Pasión tomaban y como banda, llevaban una nueva, con su nombre de Santa Marta y la Sagrada Cena, y que llamaban Agrupación.

Pelayo, satisfecho, asintió y durmió tarareando una melodía que había escuchado aquella noche.

Así pasó Pelayo estos últimos años, en su balcón eterno, disfrutando cada año más, porque el Rosario de Pasión, la Esperanza del Sacramentado y los hermanos del Desenclavo, le habían traído la música de La Cena, que de alabarderos ya se habían vestido, y cuyas notas embelesaban su corazón de niño, y endulzaban el recuerdo de aquellos cinco años que había pasado en una cárcel de la califal ciudad de Córdoba.

Comentaba, un año sí y otro también, con su maestro y compañero Isidoro, como las melodías se hacían más dulces, como era de clara la percusión, de que modo aquella música le hacía más sensible, más humano, de como las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas, por tener su alma en León, pero lo que quedaba de su cuerpo en Oviedo.

Tembló de emoción, cuando el Sábado Santo, de la vecina iglesia de Santa Marina, cofrades de negro y burdeos llevaron allí al Señor crucificado, y los músicos de aquella agrupación, apaciguaron el dolor de su Madre Desconsolada.

Y fue entonces, al ver desenclavar a Cristo, cuando Pelayo le dijo con firmeza y entre sollozos al sabio arzobispo de Sevilla: 

- Don Isidoro, yo quiero ser Alabardero.

- Pelayo, -le respondió el Doctor de la Iglesia - 

- Tu no has de llorar. Estamos en el mejor lugar de esta bendita y santa ciudad, guardamos las puertas de la casa del Señor, y disfrutamos cada primavera de las bondades de las gentes de León, al traernos a María Santísima a nuestra vera. Has de ser feliz. 

Pero el Santo niño Pelayo, quería ser alabardero.

No le visteis este año, seguro que los pasados tampoco, pero en la última Semana Santa, Pelayo, dejó la piedra de la basílica de su maestro, San Isidoro, y caminó por tientos las calles de León el Lunes Santo, con el beneplácito de su eterno compañero.

Quizás fue el buen tiempo, quizás esta música de Dios, lo que hizo que Pelayo se perdiera entre la gente, se colocase al frente de la formación, mirase al cielo donde un León rampante, la representación de la ciudad que le acogió hace más de mil años, dibujaba su figura en aquella luna llena de primavera.

Regresó el Lunes Santo, satisfecho de su correría, de la travesura de abandonar por unas horas, al Señor, en su dedicación a custodiar su Templo milenario. San Isidoro lo había entendido, y nada dijo.

Sabía Pelayo, que el Señor de la Plaza de la Catedral salía el Jueves Santo, y allí acudió por que los alabarderos de León, irían para cumplir con su obligación de escoltar y emocionar a Santa Marta.

En el pórtico de la misma Catedral, el niño mártir Pelayo quería ser alabardero, y así le dijo al Niño Dios de la más pura y blanca Madre de León. 

- Mi señor, quiero yo ser alabardero. 

No le respondió aquel santo niño juguetón y distraído. Pero habló el Señor de la Pasión celestial, que custodiado por sus ángeles, muestra las llagas de su sacrificio, en manos, pies y costado, al pueblo y visitantes de León. 

- No Pelayo. Has de estar en San Isidoro, porque de mi perdón y misericordia debes de ser allí testigo. 

Triste, pero obediente, fiel a su fe y alegre por escuchar a Dios, reparó en aquella música, en el gentío, en la multitud, y se fue a su casa pétrea, a esperar solo dos días para sentir de nuevo el sonido de los alabarderos de la Cena.

El gentío de Viernes Santo en la plaza de la basílica, los pasos de este grandioso Viernes Santo leonés, la pena de ver al Señor con la Cruz y Descendiendo de ella, reflejada en su Madre Dolorosa, no le hicieron olvidar su sueño infantil.

La tarde de aquel soleado sábado le generó inquietud, la de los niños leoneses al ver el carrito de las obleas o sentir la percepción del susurro grave de los tambores, haciéndose más intensos, cuando el corazón redobla su latir con el golpe de tambor. Incienso, gentío, una cruz de difuntos antigua venía de frente, y su espera se sació cuando la agrupación de la Cena entró en la Plaza de San Isidoro, y en ese instante, el niño Pelayo se dirigió a San Isidoro y repitió sus palabras, su sueño interior: 

- Yo quiero ser alabardero. 

El arzobispo le miró y le dijo:

- Tu no puedes ser alabardero porque, tu ya estas en el cielo y ellos le tocan al Señor en la tierra de León.

- Pues si ellos en León están, que toquen su música al celestial cielo, para yo escucharles y para que el Señor les traiga a todos en el futuro aquí conmigo, al cielo, y yo, con ellos, poder ser alabardero de León con Santa Marta y el Señor de la Sagrada Cena, para agasajar a mi Virgen Madre, con la oración hecha música de un Ave María. 

FIN. 

Con todo mi cariño a los Albarderos de la Agrupación Musical La Cena de la ciudad de León.

Gonzalo Márquez García. 
Concierto XV aniversario Agrupación la Cena. León. Foto Fernando Gonzalez Menendez. Ferchy
Concierto XV aniversario Agrupación la Cena. León. Foto Fernando Gonzalez Menendez. Ferchy

martes, 1 de diciembre de 2015

UN MES DE NOVIEMBRE PROFUNDAMENTE COFRADE.

El mes decimoprimero del año 2015 ha dejado a los cofrades leoneses un buen sabor de boca. Ese que quieres que se vuelva a repetir, y que de nuevo, el mes siguiente las cofradías leonesas continúen con sus cultos, las renovaciones patrimoniales, los traslados, procesiones, certámenes, conferencias, ferias y actos caritativos.


Este mes de noviembre pasado, ha sido el mes más cofrade del año, después del de abril, cuando tuvo lugar la Semana Santa. Ha sido más que la Cuaresma, que Pentecostés, las celebraciones Sacramentales y las de la Exaltación de la Cruz de septiembre. Casi Todas ellas juntas no igualan el mes cofrade que ha sido noviembre.

Aquel noviembre de hace años, era el de la matanza del gocho, era el San Martín en su barrio y el de las misas por los difuntos, parroquiales o de cofradías, el que nos llevaba a limpiar lápidas y dejar flores en el cementerio, para después con un Padre Nuestro y el rezo del Ave María, sacar al recuerdo a los que quisimos y echamos de menos.

Nada más era noviembre, salvo frió, lluvioso, y con algún día soleado en el que nos acordábamos que teniendo la Navidad tan cerca, ¡como iba a dar tiempo a hacer un buen cartel de Semana Santa!, a sacar una imagen nueva, a ensayar bien una banda, porque la primavera ya estaba a la vuelta de la esquina. Eran otros tiempos.

El mes de noviembre del año 2015, es la demostración de que las cofradías pueden, y deben, estar presentes en el día a día de la ciudad, de su barrio, de su parroquia y hasta  del obispado de la diócesis.

Estandarte de la cofradía de Animas y Santo Cristo de afuera de San Martín
A nivel cofrade, propiamente dicho, dos cofradías de las poco populares, de las que no salen en Semana Santa, hicieron sus celebraciones durante este mes. Por un lado los hermanos de la cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y Animas del Santo Malvar, atendieron los cultos de difuntos con la presentación de su nuevo estandarte y paño de difuntos, finalizando ya el proceso para la aprobación y aplicación de sus nuevos estatutos actualizados al siglo XXI. Vetusta cofradía del siglo XVII que sin hacer ruido sigue la devoción a la Piedad del desaparecido hospital de San Antonio, situado antiguamente lindando con los edificios del Ayuntamiento y San Marcelo, y que hoy se encuentra con retablo y altar en la iglesia de Santa Marina. También los hermanos de otra histórica cofradía, la del Animas y Santo Cristo de fuera de San Martín, rindieron su obligación de rezar por sus difuntos en su iglesia parroquial, donde conservan su capilla propia adosada exteriormente al muro oeste de la iglesia. Tradición de difuntos que se cumplió en la mayor parte de las cofradías de la Semana Santa de León, que desgranaron su peregrinar a sus iglesias y parroquias, donde muchas de ellas no tienen si quiera una de sus imágenes al culto, para cumplir con el rito de preocuparse por el bien de quienes nos precedieron en el que será nuestro ultimo viaje.

Nada excepcional hasta aquí, si no fuera por que los últimos años, noviembre también es la celebración de la patrona de los músicos, y para eso, los componentes de las bandas de León han estado dispuestos a mostrar su categoría en múltiples certámenes. Los más antiguos, los de la Victoria y el de la la banda de la Vera Cruz, este último con la participación de otras siete bandas. Los más recientes, como el organizado por la Junta Mayor. Los solidarios, como el de las Siete Palabras, que además nos trajo la presentación de un cuarteto de música de capilla. ¡Bravo! por traer León a otra nueva formación, que junto a la capilla Legio VII, anime a los dirigentes cofrades a incluirlas en las procesiones de la ciudad, y romper con la moda de hacer procesiones-cabalgatas.

Y Santa Cecilia nos dejó más: La "entradilla" al XV aniversario de la agrupación de Santa Marta y Sagrada Cena que tuvo como invitada a la banda de cornetas y tambores del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, el concierto de la banda del Perdón interpretando temas de bandas sonoras de películas, y el bonito "flashmob" de la agrupación de las Angustias por la calle Ancha, plaza de Regla y Mariano Domínguez Berrueta. Mucha música cofrade como regalo León, a los papones, y a la patrona Santa Cecilia.

María Santísima de la Misericordia. León. Foto G. Márquez. 2015Noviembre se presentó, además, como feria de arte cofrade. Una carpa en San Marcelo aglutinó una muestra de talleres del bordado, de talla, de sastrería, pintura, escultura y de las propias cofradías, además de una nueva muestra de marchas de Semana Santa, interpretada por algunas formaciones cofrades de la ciudad. EXPO ESSAR 2015, que así se llamó la exitosa muestra, fue el escenario para la presentación del cartel de la Junta Mayor de la Semana Santa de León para el 2016, y de la exposición de las obras concursantes, también se complementó con charlas sobre el vestido de imágenes, de bordados, de imaginería y de historia de la Semana Santa leonesa. Llama la atención que con lo poco que sabemos y lo mucho que parece que importa la Semana Santa en la ciudad, apenas entre 20 y 40 personas acuden a las ponencias sobre nuestra Semana Santa, que precisamente se plantean para eso, para dar a conocer que es una cofradía, la Semana Santa, de donde viene, y venimos. Discernimientos básicos para aquellos que tienen la valentía de acceder a un cargo directivo en la junta de seises de cualquier cofradía.

Nuestro Padre Jesus Nazareno. León. Noviembre 2015. Foto G. Márquez.Y si el ámbito cofrade en cuanto a las celebraciones de difuntos se muestra ya extenso y asentado, aún ha tenido más proyección con los actos desarrollados por tres cofradías de León, desde los puntos de vista artístico y cultual.

El arte ha estado en este mes de noviembre vinculado al patrimonio, y a la consolidación del mismo. Y todo ello envuelto con una vocación de renovación. Así el fin de semana del 15 de noviembre, León acogió a los escultores Ana Rey y Ángel Pantoja, junto con el vestidor David Calleja, a fin de presentar su nueva obra, María Santísima de la Misericordia. Devoción marina que ya se ha bendecido y establecido en la iglesia de San Claudio para su culto público, de la mano de la cofradía Santo Cristo de la Bienaventuranza. Hermandad de las modernas, muy joven, que tras los traspiés en las decisiones de contratación de sus primeras imágenes, parece que ha tomado el camino correcto, que no debiera detenerse el próximo mes de febrero, cuando los mismos escultores vuelvan a León a entregar un Nazareno en una de sus tres caídas. Ojalá la hermandad de la iglesia de San Claudio continúe en esta línea.

Nuestra Madre de la Divina Gracia. Noviembre 2015. León. Foto G. MárquezSi poco más de 20 años tiene la Bienaventuranza, más de 400 atesora la cofradía de Jesús Nazareno, que el fin de semana siguiente atrajo a León al Prof. Juan Manuel Miñarro, a fin de hacer presentación pública y documentada de la restauración de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de la talla de su nuevo cuerpo, en madera de cedro real, que tendrá la venerada imagen de los nazarenos de Santa Nonia. Gran trabajo, el de consolidación y el de escultura del profesor e imaginero sevillano, si bien, y obligadamente, el resultado de su mano y obra quede velada por una túnica morada. Aunque Miñarro, según parece, volverá a León en un futuro, más como maestro escultor que como profesor restaurador, para dejar su impronta en la imaginería de la Semana Santa de León.

Y si todo esto parece que no podía ser, en el mes cuando las cumbres de León ya empiezan a lucir su manto blanco, la Redención llevó a su Madre de la Divina Gracia, en octubre, al altar de San Marcos para honrarla con su triduo de culto, e invitar a León a besar su mano, antes de volverla a la atalaya de su capilla como mujer enlutada para los difuntos en noviembre e iniciar los cultos cofrades del mes.

Nuestra Madre María Santísima del Desconsuelo. León. Noviembre 2015. Foto G. Márquez.
Los hermanos de la cofradía del Desenclavo, también presentaron en besamanos y vestida de luto a su Madre del Sábado Santo, María Santísima del Desconsuelo, y su cartel para la Semana Santa de 2016. Y la Soledad más cofrade de León, la de la hermandad de las Angustias, presidió en su altar de plata y delante de la cruz, los lutos de noviembre en la capilla de Santa Nonia. Bonito trasiego y excusa el de acudir a observar a la Madre Dios en sus diferentes advocaciones y atuendos a lo largo del año, y además, un motivo para aproximarse a Ella en aquellas iglesias donde es mimada por las cofradías.

Nuestra Señora de la Soledad. Noviembre de 2015. León. Foto G. Marquez
Y si nos pareció un sueño todo, la Divina Gracia, que abrió este mes cofrade de ensueño, hizo su milagro de traer consigo a su Ecce Homo, el que sus cofrades de la Redención llevaban tiempo intentando acercarle. El milagro se llama Misericordia, y es que el Señor andaluz que debió idear La Roldana en el siglo XVII, se va a exponer al culto desde el 8 de diciembre en San Marcos, durante la festividad de la Inmaculada Concepción. El día en que se abre el año de la Misericordia, según establece la bula papal de jubileo, el obispo y diócesis de León entronizarán a este Dios hombre para cumplir con el mandato del Concilio Vaticano II sobre el mantenimiento de exponer las imágenes al culto público. La cofradía de la Redención abrirá así su 25 aniversario fundacional, y de este modo lo anunció el 27 de noviembre, con el "milagro de la Misericordia", junto con lo que está por venir. Se presentó su cartel para la conmemoración y para la Semana Santa del 2016, se anunció el reconocimiento al paso del Santo Cristo "del Desenclavo" de la Vera Cruz, que acompaño su procesión del Domingo de Ramos en 1991 y 1992, divulgaron el logotipo de su aniversario, así como informaron de la presentación de un sello y un azulejo artístico conmemorativo y dieron cuenta de una noticia que para alguien de fuera de nuestra ciudad le resultaría chocante, y es que, por fin, el Santo Cristo de la Redención entrará en la iglesia de San Martín, sede de la cofradía, por primera vez en la historia de la misma. Han pasado 23 años, para que los muros de la iglesia donde está erigida canónicamente la hermandad, vean al Señor de la Redención, que será trasladado el 16 de enero para una solemne Eucaristía en conmemoración de la fundación de la hermandad instituida en el barrio de San Martín. Pero, que no se asusten las madres benedictinas, San Martín, no quiso ni quiere a las imágenes de las cofradías allí establecidas, y por ello, volverá a su casa, a que le recen las monjitas, peregrinos y turistas, regresará a su altar en la escalerilla del monasterio, retornará para dejar verse desde la calle a través de una ventanita enrejada, casi recordando su origen carcelero. 

Se cerró ya este extraordinario mes cofrade de noviembre, y ya esperamos a la Pura y Limpia, a la Misericordia, la Esperanza, y la Natividad que nos traerá un mes de diciembre, que a buen seguro llamará a la Caridad cofrade.