lunes, 16 de abril de 2012

El AUTOR. Presentación.


Me llamo Gonzalo Márquez García y desde pequeño recuerdo como mi corazón duplicaba sus latidos cuando la banda de cornetas y tambores del “Dulce Nombre” pasaba a mi lado y, en la acera, soñaba con cubrirme con aquella túnica que teñía de negro las calles de León durante un día al año, y aún tengo esa deuda conmigo mismo.
Bandera y "papones" de "Jesús Nazareno" por la calle Escurial a primera hora de la mañana del Viernes Santo.

Días antes, hábitos multicolor habían acompañado al Nazareno en una procesión ya desaparecida y al día siguiente, el Martes Santo, los papones del Perdón pasaban el puente de San Marcos, muy tarde ya, sin importarles el frío, la hora, y que, ya entonces, en Semana Santa no teníamos vacaciones en el colegio.

Jugando a ser papones, aporreando un cubo y haciendo con una revista enroscada cónicamente una supuesta corneta, mis hermanos pequeños y yo desfilábamos por el largo pasillo de casa tentando la “santa” paciencia de nuestra madre, que tras la muerte de mi padre, nunca ha dejado de “pujar” por nosotros armándose siempre de tolerancia para aguantar tal serenata que precedía al Jueves Santo y las ganas por ver a aquel excepcional paso, aunque sobre ruedas, de la Sagrada Cena propiedad de los hermanos de Santa Marta.

Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. León, 1611. Foto A. Márquez
Y sí, se acercaba ya el Viernes Santo, y en León no hay “Madrugá”, pero creo que nunca he podido conciliar el sueño esta noche, algo tendrá para que los que vivimos en León esperemos que los hermanitos de Jesús pongan en la calle la procesión de los Pasos. Creo que excepto en las calles del ensanche de León, he visto la procesión en todas las rúas y plazoletas por donde los de Jesús Nazareno hacen su estación de penitencia desplegando todo su programa iconográfico que percibía a la perfección desde los balcones familiares  en la estrechez de la calle Teatro.

Pero no terminaba este día tan especial. Las Siete Palabras desde la Plaza de San Marcelo no me dejaban dormir la siesta, y después de comer, bajaba a toda prisa para ver al Cristo de los Balderas, colarme en la iglesia de San Marcelo y ver como repleta de gente y llena de solemnidad se sermoneaban las últimas palabras de un Dios que tenía que morir. Los sermones no eran para mi, así que terminaba en Santa Nonia, poniendo almohadillas en las parrillas de los pasos de las Angustias, porque en aquellos años no había montadores, y en la capilla de la mujer del legionario mártir San Marcelo y arropado por aquel olor floral, no todo estaba preparado antes que los braceros fueran a ocupar su sitio para sacar la más Solemne procesión, la del Santo Entierro en los años pares, porque los impares tocaba ir a la plaza Mayor de la ciudad, donde se organizaba extraña y peculiarmente la misma procesión del Entierro, pero por la que apodan “Minerva”, hermandad que tiene a su cargo esta obligación por una extraña razón que años después conocí documentalmente.

Paso de palio y manto de Nuestra Señora de la Soledad. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. León, 1578.Aquellos Viernes Santos, no pisaba casi en casa, una tradición que mantengo a la fecha. De aquí a allá, callejeando y atajando, hacía una procesión de la que no era consciente, la de los sentidos, emborrachándome de olores, sonidos y de la visión de los Cristos y de su Madre a los que reconocía por mi educación familiar y mi instrucción en el colegio de los Jesuitas de León a quienes les debo mi formación humana. Y aquella sensación cuando la Soledad, la de las Angustias o la de la Vera Cruz, según el año aunque para mi era la misma, desaparecía en la noche para no volver a verla hasta el año siguiente me dejaba vacío y creo que aún lo sigue haciendo.

El Sábado de Pascua y el Domingo de Resurrección eran los días de Jesús Divino Obrero, y reconozco que de pequeño, siempre vi estos días distintos, porque para mi la Semana Santa terminaba el Viernes Santo y casi era el Viernes Santo.

Con los años, me matriculé en Geografía e Historia en León, exclusivamente por vocación, especializándome en Historia del Arte, y, como no, mi trabajo último trató sobre las Imágenes de la Semana Santa de León, en relación con la escuela de escultura de Valladolid durante los siglos XVI y XVII. Y aquí fue donde me di cuenta que la historiografía publicada de la Semana Santa leonesa hacía aguas por todos los sitios, no tenía sentido en relación con la Historia de la Semana Santa española ni con sus cofradías, algo que me llamó la atención y que fue motivo para, ya licenciado y con el Curso de Aptitud Pedagógica finalizado, dedicara mi tiempo sin ningún tipo de apoyo a buscar documentación, para aclararme las dudas que el estudio de la Semana Santa a través de los trabajos del Profesor D. José Sánchez Herrero, habían surgido en mi conciencia.

El trabajo dio su fruto, y sí, aquella mañana en aquel despacho del Ayuntamiento de León, le dije a Luis Pastrana, quien después fue Cronista de León, que había documentos para reconstruir la historia de la Semana Santa leonesa, le recuerdo atónito examinando las transcripciones documentales que le presenté y desde entonces hasta su ultimo abrazo compartimos información y construimos una amistad basada en el respeto, la colaboración y la confianza, valores que, tristemente, se encuentran muy de vez en cuando. Vaya para ti un nuevo abrazo, aún en la distancia.

Bordado de las almohadillas para la puja del paso El Descendimiento. Real cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz. León, anterior a 1513.En 1996 y gracias al apoyo del Profesor Fernando Llamazares, publiqué mi primer artículo en la revista dominical El Filandón, bajo la dirección de Alfonso García, que trataba sobre la fiesta Sacramental y la procesión del Corpus Chico, siendo en 1997 cuando bajo la tutela y el cariño de mi amigo Elías Álvarez, abad de Minerva y Vera Cruz en aquella fecha, ingresé como hermano de su cofradía poniéndome bajo la Piedad de San Martín de la mano del hno. José Manuel Fernández el Lunes Santo en Santa Nonia, y hasta hoy me he mantenido allí. Aquel año hice también realidad el sentir sobre mi hombro El Descendimiento, algo que decidí hacer cuando años antes el peso del magnifico paso rompió los tentemozos y las horquetas que intentaban sostenerlo en las necesarias paradas para que sus braceros tomaran oxigeno. No se deterioró la decisión de los braceros por terminar la procesión con El Descendimiento, y por ello Semper Fidelis es su lema que comparto desde entonces con mis hermanos de este gran paso de misterio y que desde aquí quiero mostrar mi más profunda admiración por su esfuerzo y compromiso.

Santo Cristo Flagelado del Desamparo y la Caridad. Manuel López Bécker. 1998. Real Cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz. León, anterior a 1513.
Como compromiso ha mantenido quien fue el seise que decidió poner a hombros este paso de misterio en 1989, papón por encima de todo y que nos dio una lección magistral a todos cuando la lluvia, en la procesión del Santo Entierro organizado por “las Angustias” en el año 2006, obligó a la cofradía a volver en ordinaria a su capilla. Becker, que asistía como representante con la Junta de Seises a la procesión como signo de la conmemoración del 175 aniversario de la concordia de la Vera Cruz con las Angustias, y en calidad de abad honorario, ordenó a su Junta para que formase bajo la intensa lluvia y no se retirarse hasta que el Paso del Santo Sepulcro no se encerrarse en Santa Nonia. El mismo Becker, realizó la imagen de mi otro paso, el de Miércoles, El Flagelado que me sorprendió por su concepción tan distinta, por el atrevimiento de replicar al mismísimo Velázquez, haciendo de bulto redondo a Cristo contemplando al Alma Cristiana.

El 26 de junio del año 2001 fuí nombrado Historiador y Cronista de la Real cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz consecuencia de la solucitud realizada por el Cronista de León, Luis Pastrana, a la Junta de Seises de la hermandad, que por unanimidad aceptó la propuesta. Lo cierto es que fué una experiencia decepcionante, ya que hasta mi renuncia, un Viernes de Dolores 15 de abril del 2011, en ningún momento la Junta de Gobierno durante esos 10 años me convocó a ninguna reunión que afectara a aspectos alusivos a la historia y patrimonio de la hermandad de Minerva y Vera Cruz. Sin embargo, sirvió para poner los pies en la tierra y conocer una dimension real de la Semana Santa de León.

En los últimos 16 años, por otro lado, he colaborado anualmente como articulista en la publicación de la Real cofradía de Minerva y Vera Cruz, y con trabajos en revistas de otras hermandades de la ciudad de León, también en el dominical El Filandón del Diario de León, con este mismo periódico y en algunas publicaciones anuales sobre Semana Santa editadas por dicho diario bajo la coordinación de Susana Vergara, también con La Crónica de León, siendo redactor Manuel Cachafeiro, así como con Televisión de León y emisoras de radio locales en programas monográficos de debate sobre la Semana Santa, con Televisión Castilla y León en la retransmisión de algunas procesiones para el ámbito regional de esta comunidad autónoma, y durante varios años en las jornadas que sobre la Semana Santa organiza el Corte Inglés de León, bajo la dirección de D. Manuel Orellana y de mi buen amigo José Luis Benito.
En la actualidad, mi empleo me impide tener el tiempo necesario para trabajar más en el esclarecimiento de esta pequeña historia humana, popular, sentimental y sobrenatural que es la Semana Santa, en concreto la de León, sin embargo, este medio, la inmensidad de la red, me permite compartir mis impresiones, reflexiones, críticas y experiencias a partir de ahora.

Espero que mi iniciativa sea del agrado del lector y sirva, además, como aportación para las cofradías de la Semana Santa de la ciudad de León.

G. Márquez García.